viernes, 7 de diciembre de 2012

Hiru Capítulo 2

Hiru Capítulo 2







En una de las salidas de la AP7 el Studebaker de Hiru se cobijaba de ojos curiosos en el recoveco de un puente. Había detenido su viaje a kilómetros de la entrada a la vieja Valencia, escuchando música dejaba pasar las horas cómodamente, mientras miraba los garabatos de NV (Nueva Valencia) dibujados en un obsoleto mapa. Lucía un sol de justicia tan agobiante como peligroso, para el nómada que se aventuraba por calles llenas de escombros con la claridad del día.
NV poseía una muralla circunvalando la huerta, parte de Benimaclet, un resquicio de la malvarrosa y la Patacona. De los cinco accesos solo uno estaba habilitado para comerciantes. La entrada situada al Oeste obligaba a cruzar las ruinas de la que fue tercera ciudad peninsular. La noche era un buen compañero para ese viaje, en otros tiempos la delincuencia usaba el manto nocturno para realizar fechorías pero en este futuro incierto sin apenas energía, la noche era negrura y una buena coraza de ofuscación para una ciberpiloto que conduce sin la necesidad de faros.
Mientras perfilaba la ruta nocturna hasta el parking-estadio donde solía dejar el coche. No pudo evitar una vieja costumbre. Tenía debilidad por mordisquear su colgante; un Ojo de Estambul… Casi de forma automática lo busco con la mano por el cuello, no lo encontró e indagó manoseándose el pecho, mientras continuaba absorta rotulando el mapa. A los pocos segundos se percató de la realidad, el colgante: No estaba. 

 
Tiró los mapas y los rotuladores de mala manera en el asiento del copiloto, con ambas manos mientras se palpaba por el cuerpo. La desazón incrementó su acaloramiento, incluso se quitó la camiseta. Dejó de buscar en sí misma y se centró por el interior del coche, tarea ardua debido al desorden. Incluso planteó hacer limpieza, ese collar lo llevaba al cuello desde que tenía uso de razón, era el único recuerdo que le quedaba de antaño. Como todo objeto de valor sentimental poseía una nostálgica historia al respecto.
Golpeó con fuerza el volante y maldijo. Jadeante, sofocada y cabreada hizo acopio de recuerdos preguntándose: << ¿Dónde coño lo he dejado, ostia>>
No fue capaz de recordarlo… << Tiene que estar en este puto coche, por narices>> Con ese pensamiento intentó relajarse. No era sitio ni momento para ponerse a rebuscar profundamente, sacando alfombrillas y realizando una limpieza exhaustiva.
 Tomó la decisión de ordenar el interior del vehículo al siguiente día por la mañana, con el cobijo que otorgaba el parking de alquiler custodiado por los soldados de NV. <<Eso es, ¡mañana! Más tranquila y en un sitio seguro, limpiaré afondo… Ufff no recuerdo la última vez que lo hice, espero no encontrar un dinosaurio disecado o algo así>>






En el mismo instante que Hiru se daba cuenta de la perdida del Ojo de Estambul. A pocos kilómetros de la entrada de la playa en Vieja Valencia.

Desde la mirilla de un fusil de cerrojo para la caza del ciervo, un asaltante contemplaba como paseaban a plena luz del día un grupo de cinco hombres y una mujer, andaban en fila por uno de los carriles de la avenida Blasco Ibáñez. El camino era inevitable para acceder a NV si se viajaba desde el sur por la costa. Se posicionó y empezó a bajar la respiración para abatir a uno de ellos. Su misión era abrir fuego en el momento saliera el grupo escondido en la calle.
Pasó la cruz por los diferentes hombres, seleccionó al último del grupo; no era el más grande ni tampoco portaba armas a la vista, pero a su espada atado con dos cuerdas emulando una mochila llevaba un pequeño armario. En caso de salir todos corriendo y poder escapar, por lo menos aseguraría el botín de su interior.
De la zona verde que separaba los carriles de ida y venida, salió un grupo de forajidos; dos de ellos armados con pistolas de bajo calibre, un tercero con un hacha de bomberos y el cuarto con un bastón terminado en una punta metálica. El portador del hacha empezó a menear los brazos dirigiéndose al balcón donde se apostaba el tirador. El resto en un notable estado de no agresión se dirigieron al grupo, que algo sobresaltado mantenía la calma incluso se vieron sonrisas entre ellos.
Agazapado en lo alto, pasaba la mira de uno a otro intentando imaginar que sucedía, por qué no habían salido a degüello a por los de cabeza, como tantas otras veces. El viajero de piel negra incó rodilla en tierra y se puso a desatar unos fardos alargados de la mochila, los manipuló uniéndolos entre sí y se levantó mostrando una Pica de Juego.
Desde abajo el grito ahogado por la distancia cobró sentido para los oídos del tirador, ahora ese eco claramente decía:
-¡No dispares son Jugadores!

En unas horas había corrido la voz de la llegada de Jugadores al Paso levantando la expectación popular. En un era; sin televisión, ni radio, ni absolutamente nada y que todo giraba alrededor de la supervivencia, los Jugadores en mayúscula eran el último resquicio de diversión a la que aspiraba la moribunda sociedad.
 No disponían de grandes fortunas como los deportistas de antaño, el mundo era pobre. Pero si gozaban de cierta protección y respeto otorgándoles una bula para andar libres de atracos entre ciudades. No todos los días se podía ver un partido del Juego. Era más grato el espectáculo que los pocos alimentos escudriñables en caso de asaltarlos.
 El equipo carente de nombre como todos los conjuntos nómadas que practicaban el Juego, se encontraba reunido al completo alrededor de unos adoquines que ejercían el papel de mesa y sillas, en un modesto bar alojado en las ruinas de lo que fue una casa. Ahora reconvertida en un patio a la calle sin techo y con solo tres paredes. Daba el aspecto de terraza  estaba despejada para ver el ir y venir de la muchedumbre del Paso.
Sentados alrededor del apocalíptico inmueble escuchaban la voz diligente de Gerardo el más viejo del grupo: A medio camino de los sesenta años era difícil encontrarle dientes en la boca, tenía la piel acartonada y rojiza por el duro castigo que supone caminar por el yermo. Su función consistía en transportar los enseres generales dentro de un pequeño armario acomodado con cintas de mochila. Y al llegar a la ciudad negociar con los encargados de las apuestas para ultimar los pros y contras de los partidos.
-Son vuestros huesos y vosotros tenéis que decidir como queréis que os los partan;
¿Negocio con el equipo del Paso o el de Nueva Valencia? –dijo Gerardo.
El Piquero nigeriano dejó la taza de té sobre la mesa adoquinada: -Apenas tenemos comida, deberíamos cubrirnos la derrota enfrentándonos al equipo de NV, los equipos grandes pagan aunque ganen, seguramente perderemos pero llenaremos el estomago con algo más que té.
La mujer miró al resto de jugadores aún no había jugado con ellos ni sabía a ciencia cierta como se negociaba. La incorporaron debido a que en el último partido el corredor titular sufrió una grave lesión en la rodilla, dejándole apartado del Juego para siempre.
David capitán y jugador más veterano parecía ajeno a la conversación, su atención se centraba en los muros de NV perforando el interior a través de sus recuerdos y los días felices como ciudadano valenciano.
-Sacaremos mejor jornal si pateamos el culo al equipo del Paso, que sometiéndonos a la caridad que nos darán perdiendo contra las niñas bonitas y muy entrenadas del interior del muro. Yo no estoy con el piel negra, prefiero jugar a ganar. –Dijo rotundamente el que se hacía llamar así mismo; Dagon en honor a un dios mitológico ya olvidado.
-Pedazo de mierda xenófoba –gritó Fran el piquero mientras escupía al hablar acaloradamente –tengo la piel negra y la llevo con orgullo, pero tu no puedes decir eso de tu barrigón que apenas cabes en la armadura y no me vengas que es de comer, porque no comemos una mierda, puto ciclado venido a menos no eres nadie sin esteroides.
Gerardo se apresuró a interponerse. Era pura dinamita tener en el mismo equipo un inmigrante nigeriano llegado en patera pocos días antes del Botón Rojo, y a un ex militante político de extrema derecha.
-Calma cojones, esa mala folla guardarla para esta noche ¡Oh no comeremos nadie! –Miró a la nueva que permanecía callada y se dirigió a ella para distraer la atención -Tú novata, no tienes derecho a voto hasta que no juegues un partido. Así que opina Nando ¿Cuál es tu voto?.
Fernando se encogió de hombros. Desde que se seccionó la lengua con sus propios dientes por un porrazo en la mandíbula parecía ajeno a todo, no podía hablar pero tampoco parecía preocuparle. Ensimismado  votó en blanco con su desidia. A Gerardo el comportamiento le preocupaba, pero en los partidos jugaba aceptablemente y eso era lo único importante.
-Recuento: voto nulo, favor del Paso y NV… -Le habló a David que permanecía ajeno a la conversación absorto en sus pensamientos: -David has escuchado –Pasaron los segundos y no obtuvo respuesta. –¡Eh David me escuchas!
David despacio volvió la cabeza mientras una melancólica sonrisa acompañaba a su mirada perdida, inspiró alzando la vista directamente al Piquero: -Fran no te falta razón en intentar cubrirnos la derrota, pero NV no creo que aceptara un desafío si estoy yo en el equipo. En caso de aceptar sería no antes de una semana. Ya llevamos dos días mal comiendo, esta noche la mitad de nosotros jugaremos con solo el desayuno. Si no os mata el partido lo hará el hambre. Hay que ganar al Paso como sea.
No se debatió ni un ápice, se terminaron los tés y Gerardo encaminó sus botas a través de las callejuelas; llenas de chabolas, remolques vivienda y el amasijo de tiendas que formaban la polvorienta ciudad del Paso. Delante de un edificio restaurado y con guardias armados en la puerta rezaba un cartel con un tachado a brocha: Gremio Tienda informática APP (Apuestas, protección y prestamos).
Salivó los dedos y atusó sus pobladas cejas, se chafó el desvencijado pelo canoso y aplastó la barba. No mejoró en nada su presencia pero para sus adentros se sintió más presentable, con cara de convencimiento entró en el gremio. Su partido se jugaba aquí, hoy no le romperían los huesos, ni le sangraría la nariz, no era jugador… Era el entrenador arreglador. Si él pifiaba en la negociación de beneficios, no importaría cual gloriosa fuera la victoria. Porque al fin y al cabo el Juego nada tenía que ver con el deporte del pasado ni las sumas millonarias… Todo se resumía en: Ganar, sobrevivir y poder jugar para comer otro día.
A las horas atardeció arropando con oscuridad las dos Valencias. Hiru conducía con cuidado de no forzar el motor y evitar en la mayor medida todo tipo de sonido, dentro de la cabina con cristales opacos; un entorno virtual en tonos pistacho mostraban el mapa de la ciudad y demás ayudas para una conducción casi a ciegas. Volanteaba entre las calles dirigiéndose al Paso.
El ajetreo que mostraba el Paso la extrañó, las otras veces que había estado era un ir y venir de gente en las primeras horas nocturnas, pero se cocía un ambiente diferente más caótico de lo acostumbrado. Giró a su derecha y sin cola de vehículos entró en las inmediaciones del estadio a medio terminar del deporte rey de principios de siglo.
-Hacía mucho que no te veíamos por aquí pelo morado, ¿Cuántos días tienes pensado quedarte? –Comentó con voz amigable uno de los soldados de la entrada al estadio-parking.
-Hola que tal Fernando… umm ¿Alberto? Esto… ¿Felipe? Sí, ya lo tengo ¡Andrés!
-Espero que recuerdes mejor el nombre de tu padre… Bueno. ¿Cuántos días de parking y con qué piensas pagar?
-Con trueque. Ten esta mascara anti-gas está en perfecto estado, digamos tres días.
El guardia se dio la vuelta con la máscara y se encaminó dentro de una garita. A los pocos minutos regresó: -Me dicen que solo te dan 48 horas ni una más.
-Tu superior es un usurero cada vez cobra más caro y si necesito un parking es porque en vuestra ciudad rodeada de muros os cuesta mínimo dos días identificarme, y permitirme la entrada, cuando una y otra vez comercio con vosotros sin levantar el más mínimo altercado. No es justo y si pasa como hace un mes, que me dieron permiso de entrada el tercer día ¿Qué pasa, me toca pagar parking de nuevo por vuestro retraso?
-Pelo morado cuéntale tu vida a otro, eres veterana en esto, sabes que no depende de mí la tasación del trueque, me importa una mierda si se encarece. Si aceptas pasa y si no, da la vuelta y deja de dar por el culo.
-Acepto y ¡joder! Cada día NV se parece más a una puta ciudad de antes, es que ya ni protestar se puede.
-No es buen momento para protestas. Hoy ha llegado un equipo de Juego al Paso y los que estamos de turno no vamos a poder verlo y eso cabrea, de ahí la tasación a la baja. No te lo tomes a mal es lo que hay.
-Acabáramos, por eso está rara la ciudad… Muy interesante –Y frunció el ceño.
-Más que interesante guapa, corre el rumor que su defensa izquierdo es el mismo Rey David, si eso es cierto puede ponerse muy curiosa la situación.
Por un momento fue un shock escuchar al guardia, pero puso cara de póker: -Me trae sin cuidado el Juego y no se quien es ese Rey como se llame. Levanta la valla de una vez.
Conforme conducía por el estadio y encontraba un hueco donde antes crecía césped los recuerdos bombardearon a Hiru. Tomó una decisión, no solía callejear por el Paso nocturno nada bueno traían esos paseos, pero si ese era David, tenía que verlo y hablar con él. Llevó su mano al Ojo de Estambul para juguetear con los dedos y el colgante mientras meditaba. Pero…
-Joder, ostia, ¡mañana tengo que encontrarlo como sea!…

Dentro del muro, un hombre de edad avanzada corría a través de las extensiones de campos mientras intentaba aclarar ideas. El footing había acompañado al Sr. Monforte a lo largo de todas sus grandes decisiones, hoy era uno de esos días. Cenaría reunido con dos de los consejeros de Nueva Valencia, tenía que tomar una dirección a seguir después de los preocupantes informes recibidos en los últimos días.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz chillona y joven. Sin parar de marchar en el sitio, se detuvo para que el muchacho lo alcanzara, la bicicleta del cartero paró delante de él fusilándolo con la luz que desprendía el faro alojado en el manillar, gestionado energéticamente por la cinética del pedaleo. En el suelo se reflejó la imponente figura del mandamás de la ciudad mientras se frotaba los ojos y meneaba la cabeza en modo de negación. El joven acalorado notó lo inoportuno del aparcamiento.
-Disculpe excelencia –Dijo mientras giró el manillar evitando cegar al Alcalde –Tengo una nota urgente de Don Diego Quiroga de Soto Mayor.
No pudo evitar mostrar una sonrisa entre dientes bien disimulada por su estilizada barba, al escuchar el nombre completo de uno de sus consejeros << Solo le ha faltado mencionar sus títulos nobiliarios >> pensó. –Veamos qué quiere de mí el bueno de Don diego, respira y toma aire mientras decido si precisa respuesta.
Estimada Excelencia.
Le informo por si no se ha hecho eco de la noticia, que esta noche la ciudad del Paso celebrara un partido del Juego.
Añadir que mis informadores me han asegurado que el jugador conocido en antaño como Rey David participará en el evento alineado por el equipo nómada.
¿Continuamos con la reunión prevista, coincidente en hora con el partido o va a ser pospuesta?
Un cordial saludo.

Meditó por unos instantes y se percató que estaba totalmente estático, dejando enfriar el cuerpo por el fresco aire que arrecia en la huerta al atardecer. Sin mucha más dilación respondió al mensaje de palabra con un escueto: -Dile a Don diego que tengo que hablar con él en privado, que se dirija a mi casa de inmediato. –Dicho esto reanudó la carrera mientras realizaba movimientos con los brazos para entrar más rápido en calor.




Recuerden que esta historia, Hiru, esta basada en la novela principal llamada Post-Cyberpunk, la cual pueden leer y seguir en el blog del autorhaciendo click aquí































1 comentario:

  1. You've got beautiful layout! It's sad, that I nothing understand ;)

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